La depilación láser actúa destruyendo la raíz del vello mediante una descarga de energía en la zona elegida para el tratamiento. Este método consiste en emitir una luz muy potente que ataca directamente los poros (la melanina) en el tallo piloso y la convierte en calor, causando un daño definitivo en el crecimiento del pelo, sin perjudicar la piel. Según los especialistas, se necesitan al menos ocho sesiones de aplicación láser para obtener los resultados deseados (y debe existir aproximadamente un intervalo de 30 días entre cada aplicación).
Si bien la depilación láser se suele publicitar como definitiva, no lo es, sino que periódicamente el paciente deberá recurrir al centro de Medicina Estética para los retoques necesarios. Generalmente se elimina hasta un 85% del vello tratado, mientras que el resto queda muy fino, casi imperceptible.
Los modernos equipos de tratamiento de depilación láser que existen en el mercado posibilitan tratar grandes áreas en tiempos muy cortos. Además la tolerancia al tratamiento es muy alta y hace que el paciente no sienta dolor.
Es necesario saber también que el vello carente de melanina (aquel muy rubio) no se consigue eliminar, mientras que el pelo oscuro responde fácilmente a la eliminación mediante el láser (porque tiene más melanina, y es lo que ataca el láser). Este método puede producir en algunos casos cicatrices muy pequeñas o algunos cambios temporales de pigmentación. Además, existen lugares donde el láser no puede utilizarse por los riesgos que acarrea, como lo es por ejemplo la parte interna de la ceja, que es un lugar muy cercano al ojo. Estos son algunos de los factores que se incluyen como un riesgo en la mayoría de los formularios de consentimiento que cualquier paciente firmará antes de iniciar el tratamiento con láser.
Para finalizar, los costos de una depilación láser son mucho mayores a los métodos habituales de depilación, ya que necesitan ser realizados en clínicas especializadas, bajo supervisión médica y utilizando equipos de alta tecnología.