La depilación definitiva en estos tiempos que corren es más un anhelo que una realidad, pues todas las técnicas de depilación existentes hasta el momento no pueden garantizar en un cien por ciento que el vello no vuelva a crecer. Sí existen variantes en las técnicas para esta promocionada “depilación definitiva”, como lo son las pretendidas Depilación Eléctrica o lo último en tecnología: la depilación Láser. Ambas actúan destruyendo el folículo hasta llegar a la raíz del vello. La primera mediante agujas muy finas que se introducen bajo la piel generando corriente y procesos químicos complejos que matan el pelo. La segunda, mediante una descarga de energía láser atacando los poros del vello (precisamente la melanina) y convierte ese haz de luz en calor, causando un daño decisivo en el crecimiento del pelo.
Estas técnicas se presentan como definitivas y pelean en el mercado por obtener ganancias a costa de exagerar los resultados del tratamiento. Habiéndose sometido a cualquiera de estas técnicas, el paciente deberá recurrir periódicamente a un Centro de Medicina Estética para los retoques necesarios. Habitualmente se logra eliminar entre un 70 y un 85% del vello tratado, mientras que el resto queda debilitado, muy fino, casi imperceptible. Pero vuelve a crecer, seguramente con menor intensidad y volumen, pero aparecen.
El furor por hacer desaparecer el vello, hace que principalmente las mujeres no midan ninguna consecuencia al momento de elegir un método que se plantee como “definitivo”. Las quemaduras, cicatrices o cambios temporales de pigmentación pueden ser el correlato de querer verse sin ningún tipo de vello, cuestión para la Ciencia hasta el momento imposible. Además de los riesgos mencionados, tampoco escatiman en los altísimos costos que insume este tipo de técnicas, ya que únicamente son realizados en clínicas especializadas, con médicos capacitados en la utilización de equipos de alta tecnología.
